Cuando se acerca el verano, desde hace algunos años, numerosos medios de comunicación se hacen eco de un estudio del 2015 que demuestra que para determinar la temperatura idónea del aire acondicionado se ha tomado como referencia el metabolismo de un hombre de 40 años, 70 kilos de peso y vestido con traje, de 1960.

En este estudio, también se explica que la temperatura estándar suele rebasar en un 35% la tasa metabólica femenina y, por tanto, las mujeres se encuentran mucho más cómodas con una temperatura tres grados superior. O, dicho de otra manera, que la temperatura de los aires acondicionados se fija unos tres grados por debajo de la temperatura idónea para las mujeres.

Las diferencias en la sensación térmica entre hombres y mujeres existen: sus metabolismos son diferentes y, por tanto, hombres y mujeres responden de manera distinta al ambiente térmico en el que se encuentran. Sin embargo, aunque se conozca que muchas mujeres trabajan mejor a una temperatura superior que los hombres, no hay evidencias de que la temperatura de los edificios en los que se desempeña una labor sedentaria en España se regula atendiendo a un estándar sexista establecido en 1960 y, por lo tanto, solo pensada para los hombres. Os lo explicamos.

¿La temperatura del aire acondicionado está regulada en España?

Sí, en España, la temperatura de los aires acondicionados está regulada. Existe un Reglamento de Instalaciones Térmicas en los Edificios (RITE), aprobado por el Ministerio de Industria, Energía y Turismo, por el que se regulan «las exigencias de eficiencia energética y de seguridad que deben cumplir las instalaciones térmicas para atender la demanda de bienestar e higiene de las personas».

En este reglamento, se especifica que las condiciones interiores de un edificio se basan en «la actividad metabólica de las personas, su grado de vestimenta y el porcentaje estimado de personas susceptibles de sentir demasiado calor o demasiado frío en unas condiciones ambientales dadas». Siguiendo estos factores, aquellas personas que realizan una actividad sedentaria (y, por tanto, desempeñan su labor en una oficina) estarán a una temperatura comprendida entre estos dos rangos:

Real Decreto 1027/2007, de 20 de julio, por el que se aprueba el Reglamento de Instalaciones Térmicas en los Edificios

O sea, en verano, la temperatura del interior de una oficina debería estar entre los 23 y 25 grados, con una humedad relativa de entre un 45 y un 60%.

Además, el Ministerio de Trabajo también señala algunas «disposiciones mínimas de seguridad y salud en los lugares de trabajo», en este Real Decreto. En él, exponen que «la temperatura de los locales donde se realicen trabajos sedentarios propios de oficinas o similares estará comprendida entre 17 y 27 °C».

Una temperatura comprendida entre los 17 y los 27 grados es una horquilla demasiado grande como para poder decir que la temperatura del aire acondicionado se regula con unos parámetros sexistas. Sin
embargo, el abanico de temperaturas que detalla el RITE (23 y 25 ºC) coincide con las temperaturas idóneas que se especifican en el estudio publicado en Nature Climate Change: los hombres prefieren trabajar a unos 22 grados y ellas se sienten más cómodas a 25.

Desde Maldito Feminismo nos hemos puesto en contacto con el Ministerio de Trabajo, Migraciones y Seguridad Social para conocer cómo se calculan estas cifras y saber si se tienen en cuenta las tasas metabólicas y sus diferencias por sexos. Desde este departamento no nos han respondido a la pregunta y nos han adjuntado una guía del Instituto Nacional de Seguridad e Higiene en el Trabajo que tampoco incluye un apartado que especifique que la temperatura se regula atendiendo al sexo.

Anexo III sobre condiciones ambientales de los lugares de trabajo de la Guía Técnica (pág. 40)

Tan solo especifica que, en verano, la temperatura del aire óptima se situaría entre los 23 y los 26 ºC y, en invierno, entre los 20 y los 24 ºC, «siempre y cuando los trabajadores lleven ropa acorde a la estación climática». Y, de hecho, en cuanto a la tasa metabólica, detalla cuál es la del cuerpo humano, sin distinguir por sexos:

Apéndice 4 de la Guía Técnica (pág.71)

Por lo tanto, a día de hoy, no hay evidencias que demuestren que las condiciones del aire acondicionado para el bienestar térmico en las oficinas se establezcan con los valores adecuados para el hombre. Pero tampoco hay evidencias que demuestren lo contrario, ya que en ningún informe se ha tenido en cuenta la tasa metabólica de un individuo medio incluyendo en ese cálculo tanto a hombres como a mujeres.

Las diferencias en la sensación térmica entre hombres y mujeres existen

Normalmente, las mujeres perciben el ambiente más frío y prefieren una temperatura mayor mientras que los hombres se sienten más cómodos a una temperatura más baja. Como hemos dicho anteriormente, esto es porque los metabolismos masculinos y femeninos son diferentes y, por tanto, responden de manera distinta al ambiente térmico en el que se encuentran.

En este estudio, publicado en la revista Nature Climate Change en 2015, los autores concluyeron que el cuerpo de los hombres es capaz de generar más calor que el de las mujeres con el mismo nivel de actividad. Es decir, que los hombres prefieren trabajar a unos 22 grados y ellas se sienten más cómodas a 25.

Además, en este sentido, este otro estudio recopila investigaciones anteriores e incluye un experimento a 500 personas para demostrar que, en los lugares mixtos de trabajo, el sexo es un factor importante no solo en la comodidad, sino también en la productividad y el rendimiento de los trabajadores. Es decir, la productividad puede aumentar al poner el termostato en una temperatura superior a los estándares actuales. Por lo tanto, confirmaría la misma hipótesis: las mujeres trabajan mejor a temperaturas más altas y los hombres prefieren hacerlo a temperaturas más bajas.

Aunque eso sí, no en todas las actividades que se realicen. Ellas trabajan mejor a temperaturas más elevadas a la hora de desempeñar tareas matemáticas o verbales. Y, en cambio, ellos prefieren llevar a cabo estas actividades a una temperatura menor.

Por lo tanto, aunque varios estudios han demostrado que las mujeres trabajan mejor a una temperatura superior que los hombres, no hay evidencias de que la temperatura de los edificios, como las oficinas, se regule atendiendo a un estándar sexista establecido en 1960 y pensada solo para los hombres.